La Pequeña Sibila de Groenlandia agosto 16, 2008
Posted by saevor in Adivinación, Literatura, Seiðr, Spae.Tags: Adivinación, Literatura, Seiðr, Spae
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HabÃa en la colonia una mujer que se llamaba Thorbjorg; era profetisa y la conocÃan con el nombre de la Pequeña Sibila. HabÃa tenido nueve hermanas, pero ella era la única que seguÃa viva. Era su costumbre asistir a las fiestas en invierno; la invitaban siempre, especialmente aquéllos que sentÃan una mayor curiosidad por conocer su propio porvenir o las perspectivas de la estación. Siendo Thorkel de Herjolfsnes el principal granjero del distrito, se pensaba que era suya la responsabilidad de averiguar cuándo llegarÃan a su fin las penalidades por las que atravesaban.
Asà pues, Thorkel invitó a la adivina a su casa y preparó para ella un buen recibimiento, como era costumbre cuando se recibÃa a una mujer de su condición. Se dispuso un sitial para ella y se colocó en él un cojÃn, relleno, como debÃa, de plumas de gallina.
Llegó al caer la noche con el hombre que habÃa sido enviado a escoltarla. Iba vestida de esta manera: llevaba una capa azul atada con tiras de cuero, toda ella adornada con gemas hasta el dobladillo; tenÃa un collar de cuentas de vidrio; cubrÃa su cabeza una capucha negra de piel de cordero, forrada con la piel de un gato blanco. Llevaba un bastón con empuñadura de cobre incrustada de piedras preciosas. Rodeaba su cintura un cinto de yesca, del cual pendÃa una bolsa grande y en ésta guardaba los talismanes que necesitaba para su magia. Calzaba sus pies con peludos zapatos de piel de becerro cuyos largos y gruesos cordones terminaban en grandes botones de latón. Enfundaba sus manos en guantes de piel de gato forrados de piel blanca.
Cuando ella entró en la sala, todos se sintieron obligados a darle una respetuosa bienvenida, y Thorbjorg respondió a cada uno según la opinión que le merecÃa. Thorkel la tomó de la mano y la condujo al asiento que habÃan preparado para ella. Le pidió entonces que posara la mirada sobre su casa, su familia y sus rebaños. Por el momento ella tenÃa poco que decir.
Más tarde sirvieron las mesas; y ésto es lo que tuvo de comida la profetisa: le dieron gachas hechas con leche de cabra, y un segundo plato de corazones de las varias clases de animales de que allà se podÃa disponer. Usó una cuchara de latón, y un cuchillo con mango de colmillo de morsa montado con dos anillos de cobre, y con la punta de la hoja rota.
Cuando hubieron recogido las mesas, Thorkel se acercó a Thorbjorg y le preguntó si la habÃan complacido su casa y el comportamiento de los presentes, y que cuánto tardarÃa en responder a la pregunta cuya respuesta todos ansiaban conocer. Ella replicó que no darÃa respuesta alguna hasta la mañana siguiente,
una vez hubiera pasado allà la noche durmiendo.
Avanzado el dÃa siguiente, la proveyeron de todos los preparados que necesitaba para sus brujerÃas. Solicitó la ayuda de aquellas mujeres que recordaran los conjuros, conocidos por el nombre de Vardlokur (Cantos de Vardlok), de los que precisaba para hacer su magia, pero ninguna tenÃa noción alguna de aquella ciencia. Asà que se hicieron averiguaciones entre toda la gente de la granja para ver si alguien conocÃa los cantos.
Entonces Gudrid dijo: «No soy ni una hechicera ni una bruja, pero cuando vivÃa en Islandia mi madre adoptiva, Halldis, me enseñó conjuros a los que llamaba Cantos de Vardlok».
Thorbjorg dijo: «Entonces es ésta una buena oportunidad de aprovechar tus conocimientos».
«Ésta es la clase de saber y ceremonia con la que no quiero tener nada que ver», dijo Gudrid, «porque soy cristiana».
«Bien pudiera ser», dijo Thorbjorg, «que con ésto sirvieras de ayuda a otros, y no por ello serÃas una mujer peor. Pero lo dejaré en manos de Thorkel, puesto que él es quien debe proveerme de todo lo necesario».
Asà que Thorkel hizo valer la ascendencia que tenÃa sobre Gudrid, y ésta consintió en hacer lo que él deseaba.
Las mujeres formaron un cÃrculo en torno a la plataforma ritual, sobre la que tomó asiento la propia Thorbjorg. Entonces Gudrid cantó los cantos tan bien y tan bellamente que los presentes estaban seguros de que jamás habÃan oÃdo voz más hermosa. La profetisa le dio las gracias por su canto.
«Hay ahora aquà muchos espÃritus», dijo Thorbjorg, «a los que hechizó el cantar, y que antes habÃan intentado rehuirnos para no debernos obediencia. Y ahora se me revelan muchas cosas que antes permanecÃan ocultas, tanto para mà como para los otros».
«Y os digo que esta hambre no durará mucho más, y que todo mejorará con la llegada de la primavera. La epidemia, que ha persistido durante tanto tiempo, remitirá antes de lo esperado.» «Y en cuanto a ti, Gudrid, te recompensaré en este mismo instante por la ayuda que nos has prestado, pues ahora puedo ver tu entero destino con gran claridad. Contraerás el más distinguido de los matrimonios, aquà en Groenlandia, pero no durará mucho ya que todos tus caminos conducen a Islandia. Allà iniciarás un linaje grande y eminente, y sobre tu progenie brillará una luz muy clara. Y ahora, hija mÃa, adiós y que la suerte te acompañe.»
Entonces todos se acercaron a la profetisa y cada uno preguntaba aquéllo que más deseaba saber. Ella les respondió de buena gana, y hubo pocas cosas que no sucedieran tal como ella habÃa predicho.
Luego llegó un mensajero desde una granja vecina buscando a Thorbjorg y ella marchó con él. En cuanto la profetisa se hubo ido enviaron a por Thorbjorn, que se habÃa negado a quedarse en la casa mientras se llevaban a cabo tales prácticas paganas.
De la Saga de Erik el Rojo

